Justicia y Memoria. Responsable: Inés García Holgado

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Lugar: Buenos Aires, Argentina

Dedicado a los luchadores en la guerra civil española y en la postguerra en defensa de un mundo mejor, aquellos que defendieron un gobierno legítimamente constituído. A través de estos tres blog difundiré testimonios que forman parte de nuestra memoria histórica, escritos sobre los derechos humanos en la Argentina , en España, en Latinoamericana, experiencias del exilio y sobre todo aquello en lo que pueda ayudar a través de la palabra escrita en pos de luchar contra el silencio y el olvido que se cierne sobre la sociedad española de hoy. autorizaron a su publicación. Inés García Holgado

martes, 19 de octubre de 2010

Algunos barrios olvidados | éxito de una reivindicación VECINAL
Barcelona recuperará la memoria histórica de los barrios de barracas
La propuesta pide señalar la decena de espacios de la ciudad en los que hubo chabolas hasta 1990
Una iniciativa ciudadana respaldada por más de 55 entidades logra el compromiso del consistorio
Martes, 12 de octubre del 2010

Poco podía imaginar Julia Aceituno al ser entrevistada por dos reporteros de TV-3 que su tan tierno como sensato discurso no solo resonaría en el lado mar de la plaza de Sant Jaume, sino que allí se tomarían en serio su petición: la señalización de los puntos de la ciudad donde hace no tantos años se levantaban barrios de barracas. Identificación que pretende ser por un lado un homenaje a sus habitantes -se calcula que en 1957 100.000 personas vivían en estas infraviviendas sin luz, agua ni alcantarillado en la capital catalana- y, por otro, una recuperación de la memoria histórica, para que no se borre esa hasta ahora (casi)

Las palabras de Julia, quien vivió en el Somorrostro hasta que el mar se lo llevó por delante, en 1958, retumbaron en la conciencia de Alonso Carnicer y Sara Grimal, los dos periodistas que, tras el encuentro con esta batalladora para el documental Barraques. La ciutat oblidada -que TV-3 emitió en enero- removieron cielo y tierra para que el sueño de Julia se hiciera realidad. Fue así como nació la Comissió per a la Recuperació de la Memòria dels Barris de Barraques, a la que enseguida se sumó la historiadora Mercè Tatjer, y que ya cuenta con más de 55 entidades sociales y culturales adheridas y casi 800 apoyos ciudadanos a título individual.

«Hemos mantenido reuniones con varios responsables municipales y han mostrado en todo momento muy buena predisposición. Falta precisar los lugares exactos en los que se pondrán las placas informativas y el formato y el texto de las mismas, pero parece que la intención es que se lleve a cabo muy pronto», aseguran Carnicer y Grimal, quienes han dedicado incontables horas a investigar para elaborar el minucioso estudio que han entregado al ayuntamiento, donde se identifican con detalle todos los lugares en los que hubo barrios de barracas, se recoge una pormenorizada cronología y se describen las dramáticas condiciones de vida en los mismos.

Gracias al trabajo desinteresado de esta comisión ciudadana -en la que también ha tenido un papel importante la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) y el Museu d'Història de la Ciuitat, que dio un impulso decisivo a la recuperación de la memoria histórica del barraquismo en Barcelona con la exposición Barraques. La ciutat informal (2008)-, ha salido a la luz, entre muchas otras cosas, que en el libro La Barcelona del 93, editado por el ayuntamiento en 1991, aparece un plano con la señalización de playa del Somorrostro, en el tramo entre el Parc de Recerca Biomèdica y el Port Olímpic, y que fue una decisión política posterior la que optó por borrar el Somorrostro también del nomenclátor oficial, algo que esta comisión está intentando enmendar. «Otra de nuestras propuestas [la principal petición de Julia], que también parece tener el visto bueno inicial de la administración municipal, es devolver el nombre del Somorrostro al tramo de playa entre el Hospital del Mar y el tramo final de la calle de la Marina», detalla Grimal.

Los núcleos de barracas identificados hasta el momento -las investigaciones no se detienen- se extienden por Ciutat Vella, Sant Martí, Sants-Montjuïc, Horta y Les Corts, distritos a los que también piden colaboración para acompañar la señalización permanente en los lugares donde se encontraban las chabolas con exposiciones donde se mostrara de forma más detallada -disponen de numeroso material gráfico- cómo se vivía en aquella Barcelona.

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miércoles, 18 de agosto de 2010

Barcelona salva un grafiti de la Guerra Civil dedicado a un miliciano caído en 1936

Los vestigios de la Guerra Civil y la II República en las calles de Barcelona no son abundantes. Ahora, el trabajo de un joven historiador ha salvado in extremis un "grafiti", la inscripción manuscrita con la que unos vecinos de la Barceloneta dedicaron una calle a un miliciano muerto.

La pintada estuvo a punto de desaparecer durante los trabajos de reforma de la finca en la que se encontraba medio oculta, pero la investigación del historiador Dani Cortijo lo evitó.

El Instituto de Paisaje Urbano acaba de retirar los andamios una vez rehabilitada la inscripción, en la que se lee: "Carrer d'en Miquel Pedrola (Calle de Miquel Pedrola)".

Cuando Cortijo halló, en 2008, la inscripción dedicada a este miembro del POUM, fallecido en el frente de Aragón en septiembre de 1936, ya llevaba un tiempo buscándola, después de que le hubieran puesto sobre la pista de la posible existencia de un resto del nomenclator con el que se habían renombrado muchas calles de la ciudad durante los años de la contienda, que estaba sin documentar.

Rastreó el entramado de este popular barrio marinero hasta que la encontró bajo las capas de pintura con las que la dictadura la había intentado borrar. Estaba en una esquina de la calle Sant Miquel, en el cruce con Escuder, sin poder ser percibida por los descendientes de los vecinos que habían honrado al miliciano.

"Estaba medio borrosa, semioculta: carrer d'en Miquel Pedrola", explica Cortijo a Efe. Pero ¿quién era Pedrola? La contestación se la dio Wilebaldo Solano, un nonagenario, antiguo secretario general de la Juventud Comunista Ibérica, vinculada al POUM, y compañero del miliciano muerto perteneciente a una familia muy conocida entonces en la Barceloneta.

Sin embargo, mientras continuaba con su investigación sobre el personaje, el historiador se encontró un día con que la fachada del edificio iba a ser rehabilitada y que se había instalado un andamio.

El "grafiti histórico" no estaba catalogado, por lo que la inscripción corría peligro de desaparecer. Los responsables de la rehabilitación le dieron un ultimátum a Cortijo si no contaba con documentos que acreditaran el valor de aquel vestigio. "Ellos no podían dejar la obra a medias" y lo tendrían que cubrir.

El historiador informó de la situación al distrito municipal de Ciutat Vella y aportó la documentación de que disponía, a la vez que se reunió con las asociaciones de los vecinos de la Barceloneta para contar con su apoyo. "Incluso el capellán de la parroquia pidió que no se borrara", explica ahora Cortijo, que logró muchos adeptos por medio de su blog y de Facebook.

Paisaje Urbano aceptó la petición vecinal y se hizo cargo del proyecto. "Al fin y al cabo se trata de recuperar uno de aquellos pequeños paisajes que forman la identidad de la ciudad", ha señalado a Efe el gerente de ese instituto, Ricard Barrera.

Gracias a un patrocinador (la empresa Otai), el Instituto ejecutó la obra, que consistió en limpiarla, definirla y poner una capa de fijador protector, un trabajo similar al realizado con otra inscripción dedicada al miliciano desconocido que hay junto a la iglesia del Pi.

No obstante, Cortijo, que ha recogido la génesis de esta recuperación en su libro "Historia de las històries de Barcelona", advierte de que, aunque este vestigio parece "salvado", corre un nuevo peligro: las amenazas de algunos miembros de Falange vertidas a través de internet en las que anunciaban que, "si no lo borraba el Ayuntamiento, lo borraban los falangistas".

El historiador -que lamenta que después de todo su esfuerzo se haya tenido que enterar de la finalización de la obra por la prensa- confía en que las amenazas sean una bravuconada, aunque, de momento, algunos gamberros ya han dejado su "tag" (un garabato en forma de firma) a pocos centímetros de la inscripción recién restaurada.

La calle se seguirá llamando Sant Miquel, pero, al menos, si los vándalos aficionados a las pintadas o algún que otro "ultra" no lo impide, el nombre de Miquel Pedrola estará por siempre vinculado a las calles del que fue su barrio.

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miércoles, 5 de agosto de 2009

Barcelona ya retira placas franquistas de sus edificios


Hay unas 4.000 placas de este tipo en Barcelona


GUSTAVO FRANCO - BARCELONA - 31/07/2009 07:44

Que se llevaran el yugo y las flechas fue para María Teresa Aparicio lo
más normal del mundo. Pese a que estuvo ahí durante 46 años, desde el
día en que fue estrenada la finca en 1963. "En Berlín a nadie se le
ocurre tener una cruz gamada en la fachada", señaló la presidenta de la
comunidad de vecinos, del número 145 de la calle Numància de Barcelona.

Esta vivienda es la primera que ha visto cómo el Ayuntamiento de
Barcelona retiraba la placa que el Ministerio de la Vivienda franquista
identificaba como Vivienda de Protección Oficial. Sólo dos de los 32
vecinos estuvieron en contra de que se aplicara la Ley de Memoria
Histórica en su edificio. "Dijeron que esto es historia. Pero la placa
es lo de menos, es lo que representa", puntualizó la mujer.

Cuando ayer llamaron a su casa para iniciar la retirada a las 11 de la
mañana, Aparicio pensó que sólo sería cuestión de quitar los tornillos.
Pero al bajar se encontró con el alcalde en funciones, Carles Martí, la
concejala de Les Corts, Montserrat Sánchez, y el delegado de Vivienda,
Antoni Sorolla. Todo un acto público para celebrar el adiós a la primera
de las 4.000 placas que hay en Barcelona. Hay 335 edificios que ya
esperan su turno.







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martes, 13 de mayo de 2008

MARINA GINESTA una imagen simbolica icono de la resistencia




EFE - París - 10/05/2008 18:38

Marina Ginestà tenía 17 años, un carné de las juventudes socialistas y el sueño de una revolución cuando en verano de 1936 posó orgullosa y desafiante en la terraza del Hotel Colón de Barcelona para el fotógrafo Juan Guzmán que tomo de ella una imagen simbólica que se convirtió en un icono de la resistencia.

Vestida con un uniforme miliciano, con el cabello al viento, pertrechada con un fusil que portó por primera y última vez en toda su vida, la joven republicana sirve de primer plano a una imponente vista de la Ciudad Condal.

"Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente", afirma Ginestà en una entrevista con la Agencia Efe en su domicilio de París.

Hacía poco que había estallado la guerra y el hotel, otrora símbolo de la burguesía catalana, había sido reconvertido en la sede de las recién creadas Juventudes Socialistas Unificadas.

Antes del inicio de la contienda, Ginestà y otros muchos idealistas preparaban la Olimpiada Popular como respuesta a los Juegos Olímpicos que ese mismo año organizaba la Alemania nazi.

"Éramos tan ingenuos que pensábamos que el levantamiento militar (del 18 de julio) era contra la Olimpiada popular", asegura la mujer que a sus 89 años desgrana con un dulce acento catalán recuerdos de unos años que marcaron su vida.

Hicieron falta muchos días para que aquellos jóvenes entendieran que afrontaban una cruenta guerra que acabaría con sus sueños.

Primero como traductora del enviado especial del diario soviético "Pravda" Mijail Koltsov y luego como periodista de varios medios republicanos, Ginestà vivió la guerra desde una retaguardia militante y afanada por mantener alto el ánimo de su bando.

"Éramos periodistas y nuestra profesión era que no decayera nunca la moral, difundíamos el lema de Juan Negrín 'con pan o sin pan resistir'. Y nos lo creíamos", afirma la mujer, convencida ahora de que los datos que contribuía a propagar habían sido falsificados para mantener viva la ilusión de la victoria.

De la mano de Koltsov asistió a la entrevista que el periodista soviético mantuvo en agosto del 36 con Buenaventura Durruti en la localidad maña de Bujalaroz, una conversación de alto nivel político que Ginestà asegura que costó la vida a ambos, porque Stalin les estaba espiando y no debió apreciar lo que se dijeron.

De su trabajo en la retaguardia también conserva recuerdos duros, como la visita a un hospital barcelonés para identificar cadáveres.

"Es el recuerdo más terrible que guardo de la guerra. Por primera vez tuve una idea de la muerte. Vi a una mujer muerta con su hijo en brazos...Todavía hoy me viene a la mente ese recuerdo", confiesa.

Pero los momentos más duros llegaron cuando tuvo que abandonar el país en busca del exilio francés, su patria de nacimiento.

En el paso de los Pirineos perdió a su novio, comisario político, pocos días antes de reencontrarse con sus padres. La llegada de los nazis les obligó a tomar un barco con destino a América.

La nave, que se dirigía al México de Lázaro Cárdenas donde los aguardaban con los brazos abiertos, se desvió para ganar tiempo a la República Dominicana. Ginestá pasó también por Venezuela.

Sólo entonces sintió que la guerra estaba perdida.

"La juventud, las ganas de ganar, las consignas,... yo me las tomaba en serio. Creía que si resistíamos ganábamos. Teníamos la sensación de que la razón estaba con nosotros y que acabaríamos ganando la guerra, nunca pensamos que acabaríamos nuestras vidas en el extranjero", rememora.

La decepción de la derrota, el recuerdo "de los compañeros que se quedaban atrás, muchos de ellos fusilados", se mezclaba entonces con el sueño de que las democracias europeas vencieran al fascismo en la recién iniciada Guerra Mundial.

"Esperábamos que ganaran la guerra, que en España volviera la República y que Franco fuera fusilado", asegura.

Marina Ginestà no conocía la foto del hotel Colón, ni el simbolismo que ésta ha adquirido con el tiempo.

La instantánea se encuentra en los archivos de Efe y un documentalista logró recientemente descubrir la identidad de la modelo y localizar su paradero.

Ginestá considera que la imagen tiene algo de artificial y prefiere otras, como la del reencuentro con su hermano Albert en el frente del Ebro, que no para de mostrar con orgullo.

"Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper", afirma.

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