Justicia y Memoria. Responsable: Inés García Holgado

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Lugar: Buenos Aires, Argentina

Dedicado a los luchadores en la guerra civil española y en la postguerra en defensa de un mundo mejor, aquellos que defendieron un gobierno legítimamente constituído. A través de estos tres blog difundiré testimonios que forman parte de nuestra memoria histórica, escritos sobre los derechos humanos en la Argentina , en España, en Latinoamericana, experiencias del exilio y sobre todo aquello en lo que pueda ayudar a través de la palabra escrita en pos de luchar contra el silencio y el olvido que se cierne sobre la sociedad española de hoy. autorizaron a su publicación. Inés García Holgado

domingo, 18 de mayo de 2008

MARINA GINESTA






Un símbolo de la Guerra Civil española resucita en París, 72 años después

15-05-2008 Marina Ginesta, fusil al hombro, mira a la cámara. Es el 21 de julio de 1936 en la azotea del hotel Colón de Barcelona. Setenta y dos años después, esa mirada adolescente y orgullosa, ajena al horror que se avecinaba, se reencontró con el objetivo de una cámara, en París, gracias a un aprofunda investigación.


Marina Ginesta, en la actualidad. (Foto: Boris Zabiensky)Ginesta tenía 17 años cuando el fotógrafo Juan Guzmán la inmortalizó en una de esas imágenes que, varias décadas después, se convertirían en un símbolo de la contienda y que forman parte del Archivo Histórico de Efe.

Tres días después del alzamiento militar contra el Gobierno republicano, esta traductora y mecanógrafa afiliada a las juventudes comunistas posaba con Barcelona a sus espaldas en la terraza de un hotel, hoy sede de un banco, en donde sus camaradas se habían hecho fuertes.

De Marina Ginesta nunca más se volvió a saber. Hasta que el empeño del documentalista, Julio García Bilbao, permitió hallarla en París y que rememora aquel instante con una lucidez extraordinaria a sus 89 años.

'Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente', explicaba Ginesta a Luis Miguel Pascual, hace seis días, en una entrevista en su domicilio de París.

Ginesta accedió a hablar con Efe después de que García Bilbao la encontrara en París tras meses de concienzuda investigación.

En foros de internet, en las páginas de las memorias del corresponsal soviético de 'Pravda', Mijaíl Koltsov, con quien la joven aparece en otra foto de Efe al lado de Durruti, o buceando en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, García Bilbao descubrió que la Marina Jinesta, con J, que identificaba Guzmán en el pie de foto era en realidad Marina Ginesta, una exiliada que aparecía citada como traductora de textos de francés de un psicoanalista español en París.



Marina Ginesta, en una imagen del 21 de julio de 1936. (Foto: Juan Guzmán)

Marina no supo de la foto hasta hace dos años, pese a que la icónica imagen llevaba tiempo circulando por todas partes, sirvió de portada para el libro 'Trece rosas rojas', de Carlos Fonseca (Temas de Hoy), y fue divulgada por Efe, junto a otras decenas de fotografías, en el libro 'Imágenes inéditas de la Guerra Civil' (2002), con introducción de Stanley G. Payne.

Ahora, en este mayo francés, Ginesta posa para Boris Zabiensky con la histórica foto enmarcada por sus manos, los tejados de París al fondo y esa estampa de vieja gloria del cine que en 72 años no ha perdido un píxel de glamour ni una gota de orgullo.

'Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper', decía hace seis días.

Una foto y una frase para un siglo.

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martes, 13 de mayo de 2008

MARINA GINESTA una imagen simbolica icono de la resistencia




EFE - París - 10/05/2008 18:38

Marina Ginestà tenía 17 años, un carné de las juventudes socialistas y el sueño de una revolución cuando en verano de 1936 posó orgullosa y desafiante en la terraza del Hotel Colón de Barcelona para el fotógrafo Juan Guzmán que tomo de ella una imagen simbólica que se convirtió en un icono de la resistencia.

Vestida con un uniforme miliciano, con el cabello al viento, pertrechada con un fusil que portó por primera y última vez en toda su vida, la joven republicana sirve de primer plano a una imponente vista de la Ciudad Condal.

"Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría rápidamente", afirma Ginestà en una entrevista con la Agencia Efe en su domicilio de París.

Hacía poco que había estallado la guerra y el hotel, otrora símbolo de la burguesía catalana, había sido reconvertido en la sede de las recién creadas Juventudes Socialistas Unificadas.

Antes del inicio de la contienda, Ginestà y otros muchos idealistas preparaban la Olimpiada Popular como respuesta a los Juegos Olímpicos que ese mismo año organizaba la Alemania nazi.

"Éramos tan ingenuos que pensábamos que el levantamiento militar (del 18 de julio) era contra la Olimpiada popular", asegura la mujer que a sus 89 años desgrana con un dulce acento catalán recuerdos de unos años que marcaron su vida.

Hicieron falta muchos días para que aquellos jóvenes entendieran que afrontaban una cruenta guerra que acabaría con sus sueños.

Primero como traductora del enviado especial del diario soviético "Pravda" Mijail Koltsov y luego como periodista de varios medios republicanos, Ginestà vivió la guerra desde una retaguardia militante y afanada por mantener alto el ánimo de su bando.

"Éramos periodistas y nuestra profesión era que no decayera nunca la moral, difundíamos el lema de Juan Negrín 'con pan o sin pan resistir'. Y nos lo creíamos", afirma la mujer, convencida ahora de que los datos que contribuía a propagar habían sido falsificados para mantener viva la ilusión de la victoria.

De la mano de Koltsov asistió a la entrevista que el periodista soviético mantuvo en agosto del 36 con Buenaventura Durruti en la localidad maña de Bujalaroz, una conversación de alto nivel político que Ginestà asegura que costó la vida a ambos, porque Stalin les estaba espiando y no debió apreciar lo que se dijeron.

De su trabajo en la retaguardia también conserva recuerdos duros, como la visita a un hospital barcelonés para identificar cadáveres.

"Es el recuerdo más terrible que guardo de la guerra. Por primera vez tuve una idea de la muerte. Vi a una mujer muerta con su hijo en brazos...Todavía hoy me viene a la mente ese recuerdo", confiesa.

Pero los momentos más duros llegaron cuando tuvo que abandonar el país en busca del exilio francés, su patria de nacimiento.

En el paso de los Pirineos perdió a su novio, comisario político, pocos días antes de reencontrarse con sus padres. La llegada de los nazis les obligó a tomar un barco con destino a América.

La nave, que se dirigía al México de Lázaro Cárdenas donde los aguardaban con los brazos abiertos, se desvió para ganar tiempo a la República Dominicana. Ginestá pasó también por Venezuela.

Sólo entonces sintió que la guerra estaba perdida.

"La juventud, las ganas de ganar, las consignas,... yo me las tomaba en serio. Creía que si resistíamos ganábamos. Teníamos la sensación de que la razón estaba con nosotros y que acabaríamos ganando la guerra, nunca pensamos que acabaríamos nuestras vidas en el extranjero", rememora.

La decepción de la derrota, el recuerdo "de los compañeros que se quedaban atrás, muchos de ellos fusilados", se mezclaba entonces con el sueño de que las democracias europeas vencieran al fascismo en la recién iniciada Guerra Mundial.

"Esperábamos que ganaran la guerra, que en España volviera la República y que Franco fuera fusilado", asegura.

Marina Ginestà no conocía la foto del hotel Colón, ni el simbolismo que ésta ha adquirido con el tiempo.

La instantánea se encuentra en los archivos de Efe y un documentalista logró recientemente descubrir la identidad de la modelo y localizar su paradero.

Ginestá considera que la imagen tiene algo de artificial y prefiere otras, como la del reencuentro con su hermano Albert en el frente del Ebro, que no para de mostrar con orgullo.

"Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper", afirma.

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