Justicia y Memoria. Responsable: Inés García Holgado

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Lugar: Buenos Aires, Argentina

Dedicado a los luchadores en la guerra civil española y en la postguerra en defensa de un mundo mejor, aquellos que defendieron un gobierno legítimamente constituído. A través de estos tres blog difundiré testimonios que forman parte de nuestra memoria histórica, escritos sobre los derechos humanos en la Argentina , en España, en Latinoamericana, experiencias del exilio y sobre todo aquello en lo que pueda ayudar a través de la palabra escrita en pos de luchar contra el silencio y el olvido que se cierne sobre la sociedad española de hoy. autorizaron a su publicación. Inés García Holgado

domingo, 12 de julio de 2009

El bebé republicano

LORENA BUSTABAD - Ferrol - 12/07/2009


En 1937, en plena contienda civil de España contra España, un tribunal militar la condenó a muerte por "roja y revolucionaria" en un proceso "plagado de irregularidades". Estaba embarazada. No hubo clemencia, sólo cárcel. El 31 de octubre, Amada García Rodríguez alumbró a su hijo en el hospital de Caridad de Ferrol.



En 1937, en plena contienda civil de España contra España, un tribunal militar la condenó a muerte por "roja y revolucionaria" en un proceso "plagado de irregularidades". Estaba embarazada. No hubo clemencia, sólo cárcel. El 31 de octubre, Amada García Rodríguez alumbró a su hijo en el hospital de Caridad de Ferrol. El único varón de tres hermanos. Le llamó Gabriel, como el padre, Gabriel Toimil. Amada sólo viviría 88 días más, lo justo para amamantar brevemente al recién nacido. El 27 de enero de 1938 moría fusilada contra el muro del castillo de San Felipe, en la bocana de la ría. Cuentan que sostuvo en brazos a su hijo hasta el último minuto. Otros presos se ofrecieron a morir en su lugar. Los mandos fascistas no se ablandaron. Las manos de los verdugos no temblaron al fulminarla contra el paredón. Tenía 27 años.



En un pequeño bote de pescadores, su padre, su esposo y su hermana se alejaban remando de la fortaleza militar hacia el otro lado de la ría, con el bebé enroscado en una manta. Aquel niño, Gabriel Toimil García, tiene hoy 72 años y una salud delicada. Es el testigo y la memoria viva de Amada, madre, esposa, mujer y republicana.



"La acusaron de bordar una bandera comunista que guardaba en casa", explica su hijo. Era falso. Fue otra mujer a la que los franquistas indultaron. El delito de Amada consistió en ser una activista valiente y una buena oradora. Cuenta que la denunciaron por recelos y envidias, "engañando" a vecinos analfabetos a los que obligaban a firmar declaraciones "inventadas". "Uno quiso retirar la acusación, pero lo amenazaron, incluso desterraron a dos curas que trataron de ayudarla", recuerda Gabriel.



Su padre fue encarcelado y se crió en Mugardos, junto a sus abuelos maternos, un pescador y una redeira. Cuenta que su familia le relató una mil y veces el tortuoso camino de vuelta, y el estruendo de la descarga de los fusiles en mitad de la ría.



Siete décadas después, Gabriel Toimil no olvida y con la ayuda de la Asociación de la Memoria Histórica Democrática de Ferrolterra buscó y rebuscó entre los laberínticos archivos militares de la ciudad naval para rescatar su tragedia familiar. El castillo de San Felipe es hoy un reclamo turístico y el Ayuntamiento, cuando gobernaban BNG y PSOE, dedicó a Camilo José Cela la plazuela que sus familiares pedían para Amada García.



En su casa de Caranza, Gabriel guarda con celo el extenso proceso del consejo de guerra que sesgó la vida de Amada García. Centenares de folios plagados de acusaciones y falsos testimonios que sirvieron a los fascistas para sentenciar a su madre y a otros 37 vecinos. También una carta escrita a lápiz por Amada a su esposo desde la prisión ferrolana donde señala, uno por uno, a sus delatores y sus motivos. Junto a su madre, los militares franquistas llenaron de plomo a otros siete vecinos de la comarca: el maestro Ángel Roldós, Juan José Teijeiro Leira, José María Montero Martínez, Antonio Caniña, Ramón Rodríguez López, Jaime González Pérez y Germán López García.

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sábado, 3 de enero de 2009

SANTURRARAN MEMORIA DE MUJERES REPUBLICANAS

Bajo la coordinación de Fernando Aguirre, se expuso al público en el local de la antigua rula o lonja de pescadores de Ondárroa una importante colección de fotografías, documentos y libros sobre la tristemente famosa prisión de mujeres. Llamaba especialmente la atención unas sábanas y tapetes que habrían sido bordadas por alguna presa a cambio de comida.

El viernes siete de noviembre, por la tarde, junto con la proyección, un tanto accidentada, de un audiovisual, se celebró en la sala de la exposición una conferencia en la que participaron la ex presa Anita Morales y el historiador asturiano Marcelino Laruelo.
Anita Morales, con una envidiable presencia de ánimo y una excelente memoria, pronunció el sobrecogedor relato de lo que había sido vida carcelaria, desde que el franquismo vencedor la detuvo en 1939 en Madrid hasta que salió de Saturrarán en libertad condicional. Leonesa de nacimiento, pero avecindada en Madrid, fue detenida y conducida a la cárcel de Ventas, de infausto recuerdo. Fue condenada a pena de muerte por haber estado cosiendo ropa para los soldados republicanos en un taller de la asociación de mujeres antifascistas de su barrio. Le salvó del paredón el hecho fortuito de que su expediente cayera en manos de un juez militar que descubrió toda una serie de falseamientos en el proceso y pidió su revisión. También ayudaría a Anita Morales la circunstancia de que se encontrase embarazada.
Anita Morales llegó a Saturrarán con un bebé de tres meses en una expedición de presas madrileñas. Al cumplir el niño los tres años, Anita, que no había encontrado a ningún familiar que se quisiera hacer cargo de él, pudo evitar que fuera a parar a un hospicio gracias a que una antigua compañera del taller de ropa aceptó gustosa cuidar al niño todo el tiempo que fuera necesario, hasta que Anita saliera de la cárcel.
El historiador asturiano Marcelino Laruelo, autor del libro La Libertad es un bien muy preciado, en el que se dedica un amplio capítulo a la prisión de mujeres de Saturrarán, centró su intervención en el proceso de investigación que le llevó a conocer, primero, la existencia de esta cárcel de mujeres, y a documentar después todo lo relacionado con la misma. Recordó los impedimentos que tanto la directora de Instituciones Penitenciarias del último gobierno de Aznar, como el entonces director de la cárcel de Martutene le querían imponer, incluida la censura previa. También recordó sus primeros viajes a Motrico, Saturrarán y Ondárroa, y sus entrevistas con Agustín Zubicaray, para quien tuvo cálidas palabras de recuerdo y agradecimiento.
El sábado, a las once de la mañana, el cortejo que se había concentrado en Motrico partió en procesión hasta el cementerio de la localidad. En el muro del cementerio, Anita Morales y uno de los niños nacido en la cárcel descubrieron un placa en recuerdo de las 177 mujeres y niños que murieron en la misma víctimas del hambre, los malos tratos y la crueldad con que trataban a las prisioneras y sus hijos.
A continuación, en la explanada lindante con la playa de Saturrarán, donde estuvieron los edificios de la cárcel, se descubrió una placa con los nombres y lugar de procedencia de las mujeres y niños fallecidos. En ambos actos, junto al txistu y el tamboril, al aurresku de bienvenida, a los versolaris y los cánticos en euskera, se dejó oír la libre melodía de una gaita a la que daba aire astur una gaitera de La Casa de Asturias en Bilbao. El numeroso público asistente acompañó con el coro de sus voces el Asturias, patria querida.
Los actos finalizaron en la carpa instalada en el lugar, donde los organizadores agasajaron a los asistentes con un suculento y abundante piscolabis que restableció el ánimo, y los estómagos, de los asistentes en un ambiente de cordialidad y campechanía.
La cárcel franquista de Saturrarán, enclavada en el municipio de Motrico aprovechando los edificios del que fuera seminario de verano, funcionó entre los años 1938 y 1944. Albergó una población penal de más de 1.500 mujeres y un número de niños que rondaría los dos centenares. Tanto el gobierno vasco como la asociación memorialística Azthuak habían realizado sendos actos en este mismo lugar. El pueblo de Ondárroa mantuvo una especial sensibilidad hacia las presas de Saturrarán, entregándoles alimentos y pescado, atendiendo a familiares que venían a visitarlas y acogiendo en sus casas a numerosos hijos que las presas les entregaban para su custodia.

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domingo, 13 de abril de 2008

El ZAPATITO DE LANA Manuel Carrasco i Formiguera

EL ZAPATITO DE LANA
http://www.elpais. com/ HILARI RAGUER 09/04/2008

El 9 de abril de 1938, hoy hace 70 años, fue fusilado en Burgos Manuel Carrasco i Formiguera. Se habían interesado por él Pío XI, Pacelli, Gomá, Antoniutti y otras muchas altas personalidades católicas. Como llevaba ya más de un año detenido, parecía que no peligraba su vida, y sorprendió a todos la repentina decisión de Franco de ejecutarlo. Probablemente fue una airada réplica a la condena pública del Vaticano por los terribles bombardeos de Barcelona el 16, 17 y 18 de marzo, que L'Osservatore romano calificó de matanzas inútiles, carentes de justificación militar

La tragedia personal de Carrasco es bastante conocida. No lo es tanto la de su familia. Denunciado primero por un separatista como católico notorio y amenazado después por los anarquistas, Companys y Tarradellas, impotentes para garantizar su seguridad, lo enviaron a Euskadi como representante de la Generalitat. Se dirigía de Bayona hacia Bilbao con su esposa Pilar y seis de sus ocho hijos (Núria, Mercè, Raimon, Josep y Neus, de 20, 19, 13, 11 y 9 años, respectivamente, más la pequeña Rosa Maria, de siete meses, con la nodriza) cuando el barco vasco en el que viajaban fue apresado por el Canarias.

La familia fue dispersada en cuatro cárceles distintas. Manuel fue internado en la cárcel provincial de Burgos, que ya le había tocado conocer durante la Dictadura. Raimon, Josep y Neus fueron internados en el Asilo de San José de San Sebastián, donde estaban retenidos como rehenes muchas mujeres y niños. El primer domingo querían comulgar en la misa, como hacían todos siempre con sus padres, pero por mucho tiempo no se lo permitieron porque eran rojos y antes tenían que confesarse. Se confesaron, y el cura les puso por penitencia rezar un padrenuestro por la conversión de su padre. Núria y Mercè fueron a parar a una villa de Pasajes convertida en cárcel de mujeres, a cargo de unas religiosas que las trataban de rojas y las explotaban obligándolas a lavarles la ropa. Su madre, Pilar, con la pequeña Rosa Maria y la nodriza fueron conducidas a la cárcel de mujeres de Burgos, sospechosas las tres del delito de rebelión militar. Ambos esposos pronto pudieron escribirse, pero pasaron cuatro terribles semanas sin tener noticias de los otros cinco hijos. Manuel escribió al decano del Colegio de Abogados de Burgos, como compañero, solicitando protección jurídica no para él, sino para su familia, pero nunca recibió respuesta.

Pasaron así casi cuatro meses. A fines de junio, a la una de la madrugada, comunicaron a la señora Carrasco que ella continuaba presa, pero la pequeña y la nodriza quedaban en libertad y tenían que irse. Doña Pilar, sin dinero porque se lo habían quitado todo, suplicaba desesperadamente que esperaran que se hiciera de día y pudiera dar a la nodriza, una gallega buena pero muy simple, instrucciones y algún recurso, pero le contestaron que tenían que irse inmediatamente.

Estaban allí, encarceladas por ser socialistas, dos jóvenes que presenciaron la escena y, compadecidas, dieron a la nodriza la dirección de unos tíos suyos que vivían muy cerca de la cárcel de mujeres, para que al menos pudieran pasar allí aquella noche. Era una familia modesta. El marido, Hidalgo de apellido y de obra, trabajaba de camarero en el Círculo Mercantil y ganaba siete pesetas al día. A aquel hogar burgalés llegó de madrugada la nodriza, con Rosa Maria en brazos, llamó a la puerta y cuando la señora Feli Ramos le abrió le expuso la situación. Inmediatamente las recibió y acomodó no sólo aquella noche, sino todo el tiempo que hizo falta, hasta que dos meses más tarde, por mediación de la Cruz Roja Internacional, la esposa e hijos de Carrasco i Formiguera fueron canjeados por la familia del general López Pinto, que con Varela había encabezado el alzamiento en Cádiz y entonces mandaba la División Orgánica (antigua Capitanía General) de Burgos, elocuente indicio de la importancia política que Franco daba a Carrasco. La nodriza se fue a su tierra, pero Rosa Maria siguió en aquella casa como una hija. Por si fuera poco, la señora Feli socorrió a Pilar hasta el canje, y visitaba a Manuel y se ocupaba de su comida y ropa. Las visitas de los presos se hacían en condiciones inhumanas: breves, en grupos que gritaban para oírse y separados por una doble reja o tela metálica. Feli llevó una vez a la pequeña Rosa Maria para que la viera su padre, pero Manuel, que era muy emotivo, quería abrazarla, y al no permitírselo los guardias sufrió un grave ataque de corazón.

El 16 de agosto de 1937 Pilar y los seis hijos fueron a despedirse de Manuel, antes de ser conducidos a Gibraltar, donde se efectuaría el canje. Esta vez el director de la cárcel les dejó su despacho para despedirse. El último abrazo de Carrasco fue para la pequeña, y le quitó el zapatito de lana de un pie para guardarlo como recuerdo. Cuando a las siete de la mañana del 9 de abril de 1938, hace hoy 70 años, caminaba Manuel hacia el lugar del fusilamiento, llevaba en una mano el crucifijo que le había facilitado su amigo y confesor, el P. Ignacio Romañá, y en la otra el zapatito de lana, y los iba besando alternativamente. Llegado al sitio indicado, entregó el zapatito al P. Romañá y apretó el crucifijo. No dejó que le vendaran los ojos, sino que mirando de frente a todos los presentes dijo con voz muy entera: "Lo que ha sido el lema de toda mi vida y que llevo en el corazón, quiero que sea mi grito en este trascendental momento: Visca Catalunya lliure!". Todavía pudo besar el crucifijo y decir: "¡Jesús, Jesús!", y estalló la descarga.

El fusilamiento de Carrasco i Formiguera desencadenó una oleada internacional de protestas. Monseñor Antoniutti, entonces encargado de Negocios ante el Gobierno de Burgos y más tarde nuncio, muy franquista, escribió en sus memorias, a propósito de sus gestiones humanitarias: "Recuerdo un hecho que tuvo amplia resonancia. Había sido capturado el conocido católico Carrasco Hormiguera, embajador de Cataluña ante el gobierno vasco [sic]. Después de un periodo de detención en la cárcel de Burgos fue condenado a muerte. El padre Romañá, jesuita, lo asistió e informó después que Carrasco había demostrado una gran fuerza de ánimo afrontando la ejecución capital con serenidad de espíritu después de haber recibido los auxilios religiosos. Se esperaba hasta el último momento que se suspendiera la ejecución de la sentencia. Sin embargo, la autoridad militar juzgó que se debía cumplir, y el ministro de Asuntos Exteriores, general conde de Jordana, se lamentó conmigo del hecho, que habría de tener desagradables resonancias". Tratando de refutar las protestas, el dominico Antonio Carrión escribió en un boletín de propaganda religiosa franquista: "Carrasco Formiguera murió, gustoso lo consigno, como buen católico, mas gritando '¡Viva Cataluña libre!', con lo que vino a confirmar que la sentencia estaba bien fundada en derecho".

Rosa Maria Carrasco i Azemar no conoció a su padre. Sólo sabe de él lo que le han contado. También le contaron lo que por ella había hecho doña Feli Ramos. Pasaron más de 20 años y fue a Burgos a conocerla. Llamó a la puerta y, como en aquella madrugada de 1937, abrió la señora Feli y apenas la vio exclamó: "¡Tú eres la hija de Manuel!". El zapatito de lana se conserva entre los objetos personales de Carrasco i Formiguera custodiados amorosamente por su nieto, Manuel Martí i Carrasco.

Hilari Raguer es historiador y monje de Montserrat.

HILARI RAGUER 09/04/2008

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sábado, 22 de marzo de 2008

MUJERES DE CEUTA QUE SE ATREVIERON A SER LIBRES

Mujeres que se atrevieron a ser libres
Escrito por Francisco Sánchez Montoya
jueves, 06 de marzo de 2008

Antigua cárcel del SarchalRepresaliadas en la cárcel del Sarchal
Sobre la mujer ceutí, en aquellos años de represión tras la sublevación del 17 de julio de 1936 muy pocos datos tenemos, ellas dieron los mejores años de su vida y todo por atreverse a algo tan simple para nosotros hoy en día, como querer un país en democracia y en libertad. Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos, partidos políticos y Casa del pueblo. Los principales dirigentes políticos son detenidos y encarcelados, los hombres entre la Fortaleza militar del Monte Hacho y García Aldave, y las mujeres en la cárcel de la ciudad en lo que hoy todavía se conoce como “La Cárcel de Mujeres” en la barriada del Sarchal.
Centrándonos en la represión hacia la mujer ceutí, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, a celebrar el próximo sábado, recordar que a estas ceutíes se les imputaba de un delito de “adhesión a la rebelión” y algunas se les acusó de ocultar a sus familiares y no colaborar con los sublevados. La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron las mujeres ceutíes que habían defendido el poder establecido con su labor política y sindical, también cayó la misma sobre aquellas que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente denunciadas por rencillas personales, odios y deudas, de la que se nutrió la prisión del Sarchal.

Encarcelada por ocultar a su marido
El 13 de noviembre de 1.936, tiene lugar el fusilamiento de uno de los políticos más importantes de aquellos años, Antonio Parrado Gil, Secretario General de las Juventudes Socialista. Cuando las tropas toman la ciudad en la madrugada del día 18 de julio, y comienzan las detenciones. Su mujer le aconseja que se oculte para ver como se suceden los acontecimientos, era el máximo responsable del PSOE en los mítines y reuniones, se oculta en casa de un familiar en la actual calle General Aranda allí permanece.
A mediados de agosto decide cambiar de lugar dada las noticias que le llega de detenciones y temiendo por la familia que lo oculta se viste de anciana y recorre toda la ciudad hasta la playa Benítez, donde su cuñada tiene una tienda de comestibles, junto a la antigua fábrica de curtidos, allí oculto recibe la visita de su mujer llevándole ropa y comida. Pero el 12 de septiembre de 1936 fue descubierto y detenido por la policía ayudado por varios falangistas ingresando en la Fortaleza del Monte Hacho, su mujer y su cuñada también son encarceladas, ellas por cómplices, en la cárcel del Sarchal, tras un juicio sumarísimo se le condenó a dos penas de muerte. El 13 de noviembre de 1.936, a las 8,30 de la mañana, en la explana de la Fortaleza del Monte Hacho, fue fusilado por un piquete de doce falangistas. El joven Parrado le escribe una última misiva hacia su mujer, quien todavía continúa detenida:
"Hacho, a 23 de octubre de 1936. Mi queridísima Laura; Te escribo esta carta el día siguiente de haberse celebrado mi consejo de guerra, para que te sea entregada después de que yo haya sido ejecutado pues supongo que así será, ya que el fiscal me pedía dos penas de muerte. ¿Que podría yo decirte, Laura, mujer buena, de mi fatal destino? Yo sé que tú me crees: no soy culpable de los delitos de que me han acusado. Sin embargo... ¡No es mi vida lo que más me ha importado en mis horas de meditación y sufrimiento, sino tu, mis hijitos - los tuyos- de mi corazón y mis padres y hermanos; en fin, todos los que por mi sufrís. Pero en esta tragedia te tengo presente a ti, Laura, como mi más leal compañera de penas y fatigas. ¡Has sido tan buena conmigo! Ahora lo aprecio aún con más calor y emoción… Lo que más me duele es no poderme despedir de ti con un abrazo fuerte. Pero tranquilízate y ten valor. No vayas a decaer. Nuestros hijos te necesitan más que nunca. Hazlo por ellos y por mi recuerdo. Ahora, saldrás en libertad. Tengo una fotografía tuya y te tengo presente. Moriré con ella apretada, con el pensamiento puesto en ti. Recibe tú mis últimos abrazos y mi íntimo aliento, que van hacia ti como mereces."

sindicalista ceutí Antonia Céspedes Gallego, cariñosamente conocida como “la latera” y la deuda que tenemos con ella como símbolo de otras muchas mujeres ceutíes quienes sufrieron represión en nuestra ciudad. Las asociaciones vecinales, Digmun, sindicales y también, ¿Porqué no?, el Centro Asociado de la Mujer, deberían ponerse a trabajar y acordar que el próximo año en el día de la Mujer se inaugure una calle con su nombre. Todo es cuestión de comprometer a nuestros ediles, y además, recordar que el callejero de nuestra ciudad tiene muy pocos nombres de mujeres ceutíes. Antonia Céspedes, se encontraba detenida en la cárcel de mujeres del Sarchal de donde fue sacada en la madrugada del 21 de enero de 1937 su cuerpo fue encontrado en una de las laderas de la barriada, tenía 46 años. Era una persona muy humilde, vivía en el patio Centenero, una gran luchadora siempre cerca de la mujer trabajadora y de sus mejoras sociales, unos meses antes de su ejecución fue juzgada siendo condenada a cadena perpetua. En el consejo de guerra al cual he tenido acceso, ya se le acusaba de ayudar a otras mujeres. Textualmente el juez militar escribió: “Se le acusa de incitar a las mujeres, ya que en una de las últimas huelgas fue por las casas sacando a las muchachas que trabajaban en el servicio domestico, para conseguir mejoras sociales y en las elecciones del 16 de febrero de 1936 fue apoderada en una mesa apoyando al candidato del PSOE Manuel Martínez Pedroso”. Tenemos constancia por la prensa de su actividad sindical, ella trabajaba en la fábrica de conservas de Pedro Castillo y Antonio Llano en la bahía sur, junto a la playa de la Ribera. En mayo de 1931, lideró una huelga para conseguir mejoras para las trabajadoras entre otras reivindicaciones, pedía, jornada laboral, horarios, salarios e higiene. En los siguientes términos: “no permitáis que embarquen vasijas y menos aún dejar desembarcar pescado para ninguna fábrica de la península, que proceda de Ceuta, porque perjudicáis grandemente la lucha que por estas bravas compañeras” y terminaba el manifiesto con: ¡trabajadores! ¡No olvidéis este llamamiento! proceded con energía a todo intento de perjuicios contra nuestras compañeras. El comité de huelga. Ceuta, 18 de junio de 1.931”.


Encarceladas por organizar un almuerzo
Isabel Mesa, pudo escapar por la bahía sur, antes de ser detenida. Pertenecía a la sección de la mujer de la CNT (Archivo: Paco Sánchez)Otra pincelada de lo sufrido por algunas mujeres ceutíes la tenemos en lo sucedido a unas vecinas de la Barriada del Sarchal estaba claro que el clima de represión y rencillas personales fue tan grande que por el solo hecho de organizar una comida familiar y cantar unas coplillas se pagó con la vida de cinco vecinos de esa popular barriada y sus mujeres encarceladas. El almuerzo se celebró el 6 de junio de 1937, en la barraca nº 46 propiedad de Herminio Vidal, con el fin de oficiar la terminación de unas obras en su barraca, ya que el maestro de obras José Ladrón Ros, no le cobro y también para celebrar que hacia unos días había salido del hospital. La denuncia fue realizada por un brigada que vivía enfrente, vecino de los inculpados y secretario en los juzgados militares del Paseo Colon los acusó de que hacía unos días había fallecido el general Emilio Mola en un accidente de aviación y lo estaban celebrando. Tras consultar el consejo de guerra se puede apreciar la falsedad de lo expuesto durante el consejo de guerra donde se falló pena de muerte para todos menos para el maestro albañil José ladrón que sufriría cadena perpetua. Y todas sus mujeres a largas penas en la prisión del Sarchal. Otras mujeres tuvieron más suerte y pudieron huir antes de ser detenidas como la joven sindicalista Isabel Mesa, quien vivía en la Barriada del Sarchal, tenia 23 años era una gran activista, pertenecía al sindicato de oficios varios de la CNT de Ceuta, donde, por ser mujer, no fue fácil su integración. En los locales que poseía este sindicato en la calle Linares. Isabel Mesa participaba en reuniones junto a otras compañeras trabajadoras, ella poseía el carné número 1 de mujeres del gremio de la aguja de Ceuta. En unas memorias ella escribió: "En Ceuta teníamos un ateneo libertario donde se enseñaba a leer y a escribir a los obreros; también música, pintura o esperanto, se hacían asambleas, se hablaba de la revolución y de las ideas, lo primero que hicimos en el sindicato fue una biblioteca, los carpinteros hicieron una vitrina y cada persona llevó los libros que pudo, poníamos bancos de madera porque no teníamos sillas". Tras la sublevación pudo huir por la playa del Sarchal en una trajiña junto a doce compañeros más llegando a la costa malagueña todavía en poder del Gobierno, se quedó en Málaga pensando que la sublevación duraría pocos días y poder volver a Ceuta donde estaban sus padres y hermanos pero no pudo ser y tras caer Málaga en manos del ejercito de Franco huye a Valencia trabaja de enfermera, participó en el congreso de constitución de la Federación Nacional de mujeres libres en septiembre 1937, llegando a ser secretaria. ella siempre decía: "La mujer siempre ha tenido que luchar mucho, no sólo teníamos que sembrar las ideas sino luchar contra algunos de los que estaban con nosotras sembrando, la mujer y el hombre tienen que ir caminando juntos, buscando la libertad, codo con codo o cogidos de la mano” A la derrota del 39, nunca se resignó a quedarse como clase subalterna relegada al hogar, como imponía el régimen siguió en la lucha, huye hacia el puerto de Alicante pero al no llegar el barco, marcha hacia Almería a pie. Luego vuelve a Málaga, donde en el año 1941 crea con otras compañeras un periódico clandestino el Faro de Málaga. Seguro que tomó el nombre acordándose de su ciudad. Fue detenida y procesada y condenada a dos penas de muerte. Pudo huir y al sentirse perseguida, tuvo que cambiar su nombre varias veces, pero lo que más le dolió fue tener que abandonar su apellido Mesa, seguirá en la lucha antifranquista con el nombre de Carmen Delgado. Vuelve a Valencia, y junto a otras compañeras, promueve la creación del colectivo de mujeres "Unión de mujeres demócratas", organización clandestina para ayudar a las presas y a su familia y con actividades en contra de la dictadura. Instala un quiosco, junto con Maruja Lara, compañera luchadora, inseparable, en la trastienda tenían la prensa anarquista. Isabel se subleva al miedo, compra una máquina de escribir y con ella, de noche, realizaban las octavillas clandestinas del grupo, para que ningún vecino las descubriera, una niña cantaba y su voz ocultaba el martilleo de las teclas. Su quiosco, fue almacén de donde salieron juguetes que alegraron las fiestas de muchos hijos de presos. En el año 1956 es detenida y durante ocho días es torturada en la comisaría de la calle Samaniego de Valencia, posteriormente colaboró en la formación de colectivos libertarios la ceutí Isabel Mesa fallecía el 25 de febrero de 2002 en Valencia. Podíamos seguir contando historias de otras muchas mujeres ceutíes que sufrieron la represión por querer ser libres, lo dejamos para otra ocasión.

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