Justicia y Memoria. Responsable: Inés García Holgado
Datos personales
- Nombre: Inés García Holgado
- Lugar: Buenos Aires, Argentina
Dedicado a los luchadores en la guerra civil española y en la postguerra en defensa de un mundo mejor, aquellos que defendieron un gobierno legítimamente constituído. A través de estos tres blog difundiré testimonios que forman parte de nuestra memoria histórica, escritos sobre los derechos humanos en la Argentina , en España, en Latinoamericana, experiencias del exilio y sobre todo aquello en lo que pueda ayudar a través de la palabra escrita en pos de luchar contra el silencio y el olvido que se cierne sobre la sociedad española de hoy. autorizaron a su publicación. Inés García Holgado
viernes, 30 de julio de 2010
lunes, 17 de agosto de 2009
BADAJOZ SIN MEMORIA

Hoy, 14 de agosto, se cumplen 73 años desde que en plena Guerra Civil las tropas franquistas del General Yagüe tomaran Badajoz a sangre y fuego, no sin antes vencer la heroica resistencia de cientos de milicianos que intentaron parar el fascismo en las murallas de la ciudad. A partir de esa triste noche de agosto comenzaría la sangrienta matanza que acabaría con la vida de más de 4.000 defensores y defensoras de la libertad y la república.
Muchos años después son numerosos los esfuerzos por recuperar nuestra memoria democrática, como los que llevan a cabo ARMHEX o el Foro por la Memoria de Extremadura, sin embargo, en ocasiones las instituciones autonómicas y municipales parecen seguir condenando el espíritu republicano a permanecer en las cunetas.
En 2002 la Junta de Extremadura (PSOE) decidió derribar la tristemente famosa Plaza de Toros de Badajoz, escenario de reclusión y fusilamientos, para construir en su lugar un palacio de congresos, destruyendo así este enclave histórico y perdiendo la oportunidad de reafirmarlo como un lugar de memoria. Esta emblemática plaza de toros podría ser hoy un memorial democrático, donde las nuevas generaciones pudiésemos conocer a fondo aquellas negras páginas de la historia de España, que no deben repetirse.
Ahora el Partido Popular, desde el Ayuntamiento de Badajoz, intenta echar más tierra sobre las fosas comunes. El gobierno municipal (PP), con el respaldo del PSOE y la única oposición de IU, anunció en febrero la construcción de un nuevo cerramiento en el Cementerio Viejo de Badajoz que ocultará las tapias sobre las que los fascistas fusilaron a miles de republicanos y republicanas durante aquellos días de agosto. Estas obras ya han comenzado, a pesar del firme rechazo mostrado por varias asociaciones memorialistas y numerosos intelectuales mediante un manifiesto titulado “No se puede esconder el pasado”.
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martes, 30 de junio de 2009
Antonio García, hijo de un fusilado en Badajoz.
Antonio García, hijo de un fusilado, denuncia el olvido de las víctimas.
Antonio García Vital, mecánico de 32 años, fue fusilado el 13 de septiembre de 1936, precisamente, en la tapia con la que hace esquina la que ahora se está recubriendo con un muro. El pasado 7 de febrero, su hijo menor, Antonio García, que tenía 17 meses cuando murió su padre, acudió allí a un acto que, a medio camino entre el homenaje y la protesta, pretendía reivindicar la memoria de los cientos de asesinados allí y exigir que se preservasen las tapias.
Ahora sabe que este empeño ha fracasado. "Me parece horroroso", dice. "Más olvido todavía". Afirma que aún siente "miedo" por sus hijos al hablar de cómo su padre, "socialista", fue detenido en su casa. "Tengo hijos, y no querría que les pasara nada si volviera a pasar algo como lo de entonces", explica. La sensación de desprotección por parte de las autoridades y de miedo a hablar por parte de los descendientes de represaliados es aún muy frecuente en pueblos y ciudades del sur de España. "Todavía está uno un poco acomplejado, después de toda la vida sin poder hablar. Toda la vida de silencio; y ahora, más silencio todavía", lamenta.
Aparte de expresar una total desconfianza hacia la derecha "que siempre está ahí, la misma de siempre, para que no puedas hablar demasiado alto", Antonio reprocha al PSOE su escasa implicación en la cuestiones de memoria histórica. No olvida, por ejemplo, que la plaza de toros donde su padre estuvo preso varios días antes de ser llevado al cementerio y fusilado fuera derribada y se construyera un palacio de congreso. Allí, como único reconocimiento, hay una escultura de Blanca Muñoz, sin placa que explique el motivo.
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Badajoz levanta un muro contra la memoria
El Ayuntamiento (PP) construye un cerramiento que oculta las tapias donde se fusiló a cientos de republicanos. Prestigiosos historiadores intentaron frenar el proyecto con un manifiesto
PUBLICO.ES
Fuente: http://www.publico. es/espana/ 231758/badajoz/ levanta/muro/ memoria
El Ayuntamiento de Badajoz (PP) está levantando un muro que borra uno de los principales iconos de la represión franquista. Las "obras de refuerzo y acondicionamiento del cerramiento perimetral en el cementerio de San Juan", proyecto que comenzó a ejecutarse el 5 de junio con cargo al Plan E del Gobierno, suponen en la práctica la construcción de un muro que oculta las tapias del viejo camposanto, escenario de fusilamientos masivos tras la entrada a sangre y fuego en la ciudad de las tropas del general Juan Yagüe.
El Gobierno local argumenta que la debilidad arquitectónica de las tapias obliga a la obra, concebida para integrar el camposanto en la ciudad y quitar de la vista el cementerio, situado en una zona en pleno desarrollo urbanístico.
Los historiadores Francisco Espinosa, Ian Gibson, Julio Aróstegui, Mirta Núñez, Julián Casanova, Josep Fontana, Paul Preston, Hilari Raguer, Alberto Reig Tapia, Ángel Viñas y Helen Graham, entre otros, suscriben el manifiesto No se puede esconder el pasado, que también intentó en vano influir contra el proyecto.
El texto recuerda que "es posible que Badajoz sea la ciudad en que en relación con su población un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre tras su ocupación". Y añade: "Las blanquísimas tapias del cementerio fueron una de las primeras evidencias ante el mundo de la política de exterminio programado". Unas 1.200 personas murieron en los días posteriores a la entrada de Yagüe.
La emblemática plaza de toros fue derribada en 2002 por el PSOE
El manifiesto de los historiadores hace hincapié en la potencia evocadora de las tapias del cementerio: "El Tercio, los regulares y los fascistas, al servicio del avance del ejército de África, habrían logrado ahora, más de setenta años después, una nueva victoria si (...) desapareciese la memoria de lo ocurrido y los engarces del recuerdo".
La historiadora Mirta Núñez se muestra "apenada". "Badajoz es emblemático del borrado de huellas de la memoria no sólo de Badajoz, sino de cosas que afectan a toda España", afirma. "No creo que la única opción fuera este muro. Percibo una obsesión por parte de algunos de borrar todo lo relacionado con la República y la represión", añade.
Negativas del PP
El hecho de que haya constancia documental gráfica de los asesinatos en las tapias es un argumento esgrimido por los defensores de que estas sean conservadas, al menos parcialmente, o de que se coloque alguna placa oficial, peticiones que el PP ha desestimado.
El PP le quitó en mayo una calle a una diputada de la II República
El otro argumento es que se borra así el único gran icono de la represión en la ciudad. La plaza de toros, escenario de reclusión y fusilamientos, fue derribada en 2002 para la construcción de un palacio de congresos, promovido por la Junta de Extremadura (PSOE).
Da idea de la relevancia de la plaza el que Francisco Espinosa, autor de La columna de la muerte y uno de los historiadores que más ha aportado al conocimiento de la represión en Extremadura, lo incluya en la terna de "lugares más significativos de la memoria" junto a Gernika (Vizcaya) y el barranco granaíno de Víznar.
El proyecto del muro fue llevado a la comisión de Gobierno local, donde recibió el apoyo del PP, que gobierna con mayoría absoluta, y del PSOE, y el voto en contra del edil de IU, Manuel Sosa. "Nos hemos quedado solos en la defensa del único lugar de memoria que quedaba", afirma Sosa.
Celestino Vegas, portavoz del PSOE, puntualiza que la postura socialista fue la de "pedir que se reservara una parte de la tapia o que se incluyera algún reconocimiento, pero el PP no escuchó".
"Hay obsesión por borrar lo relativo a la represión", dice Mirta Núñez
Según José Manuel Corbacho, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica Extremeña, "el Ayuntamiento nunca ha hecho nada por reconsiderar ni siquiera mínimamente el proyecto, pese a las alterantivas razonables que la asociación ha hecho públicas".
La edil de Cementerios , Dolores Beltrán (PP), afirma que la obra "no tiene nada que ver con la memoria histórica" y sólo pretende "evitar la caída del muro". ¿Hay algún informe que acredite este riesgo? "Hay unos contrafuertes desde hace 20 años. Y yo confío en lo que dicen mis técnicos", responde.
Revanchismo municipal
El Gobierno local del PP ha tomado medidas sobre memoria histórica que la oposición ha calificado de "revanchistas". En el pleno de mayo, obligado por la Ley de Memoria Histórica, apoyó cambiar de nombre las calles General Mola y Regulares Marroquíes y quitar una placa a Yagüe. A cambio, empleó su mayoría absoluta para quitar la calle que tenía desde 1985 Margarita Nelken, diputada en la República, feminista e ilustrada. La concejal de Cultura, Consuelo Rodríguez, presentó a Nelken como una mujer violenta, sectaria y contraria al sufragio femenino, desmintiendo la historiografí a al respecto.
La ARMHEX lleva desde que se conoció el proyecto, en febrero, intentando sin éxito que la Junta inicie un expediente de declaración de la tapia como Bien de Interés Cultural, como ha hecho con el campo de concentración de Castuera. La Consejería de Cultura, preguntada por Público al respecto, responde: "Se trata de una propiedad municipal que no se encuentra protegida por normativa urbanística alguna, por lo que no cabe intervención de la Junta".
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miércoles, 24 de junio de 2009
El Muro por Emilio Sales Almazán, Foro por la memoria de Toledo

El Muro
La dignidad no tiene precio, nosotros la perdimos entre tanta cesión, entre tanto pacto, por eso nos siguen recordando que perdimos la guerra, que la dignidad perdió la batalla ante el fascismo y todavía estamos pagando las consecuencias
Emilio Sales Almazán (Foro por la Memoria de Toledo, 22-06-2009)
Los seres humanos siempre han tenido la costumbre de levantar muros, generalmente para separar a las clases sociales, no hay mas que ver las fortificaciones de tantos pueblos de nuestra geografía, los más pobres siempre quedaban fuera, en los arrabales.
Hay muchos muros que se han hecho famosos. El de Berlín que, según nos contaban, separaba el comunismo de la libertad. Después de su demolición las cosas no están tan claras, pasa lo mismo que con los presos políticos, no hay ningún país que reconozca que en su territorio los hay, siempre los tiene el “enemigo” ideológico.
También está el Muro de las lamentaciones, el lugar más sagrado de los judíos (los restos del templo de Herodes en Jerusalén) y entre cuyas piedras los fieles ponen papeles con sus peticiones. Lo que no sé es de qué se pueden lamentar, no creo que sea del muro de la obscenidad que sus dirigentes han construido en Cisjordania.
Otro famoso muro es el de Adriano, que el emperador en su visita a Bretaña (año 122 d.c.) ordenó construir para separar a los romanos de los bárbaros, construcción de piedra de 80 millas romanas con fortificaciones a intervalos regulares para cubrir desde la costa del mar del Norte hasta el brazo de mar de Solway.
Muchas localidades de nuestro país tienen el nombre de Muro en su patronímico, hasta hay grupos de música con ese nombre y Pink Floyd elaboró una de sus obras maestras con ese título.
Pero yo quiero hablar de otro muro, de uno más humilde porque se encuentra en una zona alejada de los centros del poder, en una Región que pasa por ser una de las olvidadas por todos durante todo el tiempo, de una Comunidad de caciques, de los de antes y de los de ahora. Hablo de Extremadura y más concretamente de Badajoz.
Esta provincia fue una, quizás la única, en ponerse al frente de la reforma agraria, que plantó cara a los amos de miles de hectáreas que, en muchas ocasiones, ni habían pisado en su puta vida. Solo recogían las ganancias que les producían los esclavos que trabajaban de sol a sol por un mendrugo de pan (a veces duro).
Por eso la represión fue brutal. Por mucho que la “hija” del criminal Yagüe niegue la evidencia, en esta capital se cometió uno de los mayores actos de crímenes de la historia. Miles de hombres y mujeres fueron masacrados por los “enviados divinos” (curiosamente los dioses se ponen de acuerdo para asesinar, es el sino de las religiones, ignorancia y muerte).
Hace unos años, en 2002, el histórico PSOE hizo honor a sus muertos, hizo lo que se esperaba de un partido que tuvo miles de muertos, de asesinados, por defender la República. Tanto honor que derribó la plaza de toros donde tantas personas fueron masacradas. Así se recupera la Memoria de la dignidad de nuestros compañeros, camaradas y familiares. Como no, los demócratas de nuevo cuño, aquellos que tienen un presidente digno de ser procesado por asesinato, aquel que fue ministro con Franco y participó de los crímenes del caudillo, no pueden quedarse atrás. No solamente ha quitado el nombre de la calle que desde 1985 estaba dedicada a Margarita Nelken (Diputada, feminista e ilustrada mujer, penalista, Directora General de prisiones en el gobierno de Alcalá Zamora e impulsora de una reforma penitenciaria que, aun hoy, podríamos calificar de revolucionaria)sino que ahora erige un muro que tapa uno de los lugares emblemáticos de la represión franquista. Cierran el perímetro del cementerio de S. Juan (curiosamente con el dinero del plan E del gobierno “socialista”), en cuyas tapias fueron asesinados en fusilamientos masivos miles de españoles y españolas que defendía a su patria, a su gobierno legítimo, constitucional y democrático de la República. Ni las protestas de cualificados historiadores, como Julio Aróstegui, Ian Gibson, Mirta Núñez, Julián Casanova, Francisco Espinosa, etc., han detenido el ignominioso plan. Unas 1.200 personas fueron asesinadas en los días posteriores a la entrada de Yagüe en la capital pacense.
Esta es la actualidad, esta es la historia reciente de nuestro país. Vergüenza, siento vergüenza, de este país, de sus dirigentes políticos, de su entreguismo por un plato de lentejas. La dignidad no tiene precio, nosotros la perdimos entre tanta cesión, entre tanto pacto, por eso nos siguen recordando que perdimos la guerra, que la dignidad perdió la batalla ante el fascismo y todavía estamos pagando las consecuencias. ¿Verdad?
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jueves, 5 de febrero de 2009
BADAJOZ Y LA MEMORIA por FRANCISCO ESPINOSA MESTRE
Badajoz y la memoria
03.02.09 -
FRANCISCO ESPINOSA MAESTRE
BADAJOZ es una de las ciudades del suroeste cuyos libros de defunción constituyen una fuente incompleta pero básica para el estudio de la represión franquista. Es posible que Badajoz sea la ciudad española, en relación con su población, en la que un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar del 18 de julio y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936. Vivimos en un país lleno de cementerios cuyos muros fueron un día paredones de muerte; un país donde en 1937 hubo que ordenar que se realizasen las obras oportunas para quitar el terrible aspecto que presentaban.
Sin embargo, a pesar de las investigaciones que hemos realizado y que nos han permitido acercarnos a la verdad, la extrema derecha sigue negando la evidencia, socavando la débil memoria democrática que tanto está costando crear y alimentando, como siempre, su memoria, que no es otra que la memoria del fascismo. Bastará con recordar el intento de poner el nombre de Manuel Carracedo a una calle o la sucia campaña para eliminar del callejero los nombres de Margarita Nelken y Sinforiano Madroñero.
Badajoz guarda bien la memoria del fascismo. Y además no hace mucho le fue amputado el lugar por antonomasia de la otra memoria: la plaza de toros. El cementerio de San Juan y sus muros pertenecen a la historia silenciada y oculta de Badajoz. Allí fueron asesinadas decenas de personas que pasaron luego a fosas comunes abiertas en su interior. El muro que el Ayuntamiento pretende ahora construir desnaturalizaría ese lugar privándole de su carácter testimonial y de su poder de evocación. Lo que en realidad debería hacer el Ayuntamiento es reforzarlo y crear las condiciones para que se mantenga, colocando una placa que recuerde lo que allí ocurrió.
Lo propio de una sociedad donde la sensibilidad democrática tiene aún mucho camino que recorrer es que haya que luchar por las cosas evidentes, máxime cuando la opinión pública, fruto de países con medios de comunicación independientes y con mayores índices de lectura de prensa, apenas existe aquí. Así, igual o peor que el despropósito de arrasar lugares cargados de significado, cosa propia de un poder político cegado por la soberbia, ha sido el silencio cómplice en el que se han producido hechos que, en cualquier otra sociedad, habrían dado lugar a debates públicos y a movimientos ciudadanos.
En estas cuestiones, como en tantas otras, debemos mirar a los países europeos que cuentan con más experiencia. El cementerio viejo es ya el único lugar que nos recuerda la memoria viva de un hecho histórico que desborda ampliamente el ámbito local. Badajoz debe conservar los muros del viejo cementerio en memoria de los que allí fueron asesinados y por respeto a sí misma. ¿Quiénes pretenden que la nómina de lugares de olvido siga creciendo en Badajoz?
Etiquetas: Badajoz, callejero franquista reclamo cumplimiento ley de memoria historica, Francisco Espinosa Mestre, negativa de retirada de simbolos franquistas, Plaza de toros Badajoz
martes, 30 de diciembre de 2008
Los alcaldes de Alburquerque, Villar del Rey y San Vicente de Alcántara recogen mañana las cenizas de las personas asesinadas en Valdihuelo (Badajoz).
Fueron sacados de sus hogares por la fuerza y han permanecido más de 70 años en el interior de la mina de Valdihuelo (San Vicente de Alcántara). Sus restos serán incinerados mañana todos juntos en el crematorio del cementerio nuevo de Badajoz, y luego regresarán en forma de cenizas a sus pueblos de origen.
Por mucho que los paleopatólogos de la Universidad de Extremadura han estudiado los restos, hueso por hueso, no se sabe con certeza cuántos de los que fueron detenidos en las noches de verano de 1936 en los pueblos de Alburquerque, San Vicente de Alcántara y Villar del Rey terminaron sus días arrojados de cualquier manera en el interior de la mina de Valdihuelo, en realidad una cata minera en forma de pozo, de 12 metros de profundidad.
Los estudios historiográficos estiman que fueron 62 personas, aunque los informes de los paleopatólogos hablan de un mínimo de 30 cuerpos y un máximo de 117. Sus restos, custodiados en la Facultad de Medicina de Badajoz, apenas llenan ahora el interior de una caja del tamaño de un ataúd.
Los huesos, que permanecían custodiados en la Facultad de Medicina, serán incinerados todos juntos por deseo expreso de las familias y el acuerdo de las instituciones y los municipios de origen. Los cuerpos habían permanecido así durante todo este tiempo, mezclados, en la oscuridad y el silencio de la mina, y juntos seguirán. La corrosión y la humedad los dañaron de tal forma que resulta imposible cualquier intento de identificación individualizada.
Tras la incineración, las cenizas serán colocadas en tres urnas distintas que serán recogidas en el lugar por los alcaldes de los tres pueblos que se vieron unidos por el triste destino de sus antiguos vecinos: Andrés Hernáiz (San Vicente de Alcántara); Ángel Vadillo (Alburquerque); y Eduardo Durán (Villar del Rey).
El proceso, cargado de simbolismo, será seguido por responsables de asociaciones de la Memoria Histórica y familiares de algunos de los que fueron arrojados a la mina.
«Cuando no encontramos razones materiales exactas, proponemos símbolos, y en esta historia pasa eso. Como no hay anatomías completas que devolver a las familias, hay que hacer un símbolo, porque el hombre es un animal simbólico que sigue pensando en la trascendencia de la muerte», explica Cayetano Ibarra, coordinador del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica.
San Vicente
Andrés Hernáiz se muestra muy satisfecho con la celebración de este acto que pone y punto final a la larga intervención llevada a cabo en Valdihuelo, que empezó a excavarse en 2005.
En su opinión, la solución de incinerar juntos los restos de vecinos fusilados de varios pueblos y luego devolver las cenizas a sus localidades de origen puede servir de ejemplo en otros lugares.
«El espíritu de este acuerdo alcanzado entre las familias y los municipios implicados es muy bueno. La solución tomada es una decisión compleja que costó muchas horas de reflexión y de conversación», explica el alcalde.
En San Vicente de Alcántara ya está todo preparado para recibir las cenizas. En el cementerio, sobre el lugar en el que se cree que está la fosa común de los que fueron fusilados allí, se ha construido un monolito en el que se colocará la urna.
En el monumento se escribirán los nombres de todos los represaliados para que sus familiares y amigos tengan un sitio en el que poner flores y recordarles. «Darles un enterramiento digno era una cuestión pendiente», reconoce Hernáiz.
Alburquerque
En Alburquerque las cenizas permanecerán custodiadas en el Ayuntamiento durante varios meses, hasta la primavera.
El pueblo ha decidido esperar a Rosa Casanovas Roca, la primera persona que rompió el silencio que pesaba en Alburquerque sobre el paradero de los desaparecidos durante la Guerra Civil, y que exigió que se abriera la mina para recuperar los restos de su madre, Serafina Roca Solana que, cuando desapareció, tenía 36 años, y estaba embarazada de seis meses.
Rosa Casanovas, que vive ahora en Gandía, tenía ocho años. «Desde entonces, toda mi vida he tenido en el corazón la obsesión de encontrar a mi madre».
Serafina Roca era una ama de casa, «que sólo se ocupaba de sus hijos, y que nunca entró en cuestiones políticas». Estaba casada con el que era entonces alcalde de la localidad, Martín Casanovas. Cuando llegaron los Nacionales, y sabiendo que habría represalias, el alcalde huyó convencido de que no les pasaría nada a su esposa y a sus dos hijos.
Pero sí pasó. A pesar de su avanzado estado de gestación, fusilaron a Serafina y sus dos hijos quedaron solos en el pueblo, ya que carecían de familia que se hiciera cargo de ellos.
Primero fueron acogidos por los guardianes de la fábrica de su padre, y posteriormente sufrieron un largo periplo hasta que pudieron volver a reencontrarse con su progenitor en París, cuando había terminado la II Guerra Mundial.
Ahora, después de toda una vida esperando ese momento, Rosa no podrá acudir el martes al acto de incineración de los restos de su madre por motivos familiares y de salud. Sin embargo, en reconocimiento a sus esfuerzos, el Ayuntamiento de Alburquerque no procederá al entierro oficial de las cenizas hasta que ella pueda estar presente.
Villar del Rey
En Villar del Rey también esperan las cenizas de los siete vecinos que se cree que fueron arrojados a la mina: Francisco Melara Acosta, Pedro Prudencio Pacheco, Bonifacio Barroso Carballo, Miguel Cano Palacino, Ángel Castaño Robles, Josefa Vivas López y Manuela Muñoz Santo.
El alcalde de la localidad, Eduardo Durán, anuncia que su colocación en el monolito que se erigirá en el cementerio se aplazará hasta que reciban los resultados de las pruebas de ADN que se han realizado a los descendientes de otros represaliados que fueron arrojados en otro paraje, una fosa común situada en el conocido puente de Los Cinco Ojos, oficialmente denominado puente Zapatón, a cinco kilómetros de la carretera de Aliseda.
Aunque se tiene noticia por diversos testigos de los hechos de que a la fosa fueron arrojadas siete personas, de las que se conocen sus nombres y apellidos, al tratarse de un enterramiento muy poco profundo, los huesos encontrados son escasos y muy amalgamados. En la fosa sí aparecieron un crucifijo, pendientes y un espejo que se cree que pertenecían a la mujer que se sabe fue allí fusilada, Olalla Manso Serra.
Más pruebas de ADN
Con el objetivo de dilucidar a quiénes corresponden los restos, se han practicado también pruebas de ADN a los descendientes de los únicos cuatro fusilados de los que aún quedan familiares directos conocidos: Antonio Bueno García, Ezequiel Melara Acosta, Dionisio Pérez Núñez, y Carlos Rodríguez Durán. Cuando lleguen los resultados de las pruebas, el Ayuntamiento organizará un acto simbólico de sepultura para todos los restos de los vecinos represaliados encontrados hasta el momento. Aunque un monolito recordará todos sus nombres, el Consistorio ofrecerá nichos particulares a los familiares que deseen disponer de una sepultura individual.
La excavación de la mina de Valdihuelo fue la primera que se hizo en Extremadura bajo la dirección del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, que en el año 2005 estaba en pleno proceso de gestación.
Primer campo de trabajo
Debido a la escasez de medios y de experiencia, todas las dificultades que planteó la intervención en un pozo de 12 metros de profundidad se fueron abordando sobre la marcha, recuerda Ibarra.
Fue la primera vez que se organizó un campo de trabajo para la excavación de la fosa, que fue dirigida por el paleopatólogo Diego Peral y el historiador Ángel Olmedo. También intervinieron la arqueóloga Inmaculada López y el forense Mariano Casado.
La mayor dificultad, aparte de los trabajos de rescate de los restos, para lo que hubo que bajar al principio con máscaras de oxígeno, fue la clasificación de los huesos, ya que estaban muy deteriorados y mezclados con osamentas de animales.
Tras arrojar los cuerpos al interior de la mina, los autores de los fusilamientos tiraron también dentro varias granadas, algunas de las cuales no explotaron, y tuvieron que ser detonadas 70 años por la Guardia Civil durante las tareas de excavación.
Durante los años siguientes se arrojaron al interior numerosos cuerpos de animales, cuyos restos terminaron mezclándose con los de los humanos. La humedad y el paso del tiempo hicieron también su trabajo de destrucción, por lo que no se pudo plantear la realización de las pruebas de ADN.
En realidad, la apertura de la mina en el año 2005 no sirvió en principio para cerrar heridas ni devolver el sosiego a las familias. La mayoría sólo quería recuperar los cuerpos para darles digna sepultura, y la espera fue demasiado larga.
«En el tiempo que siguió a la excavación de la mina hubo mucho malestar entre los familiares porque nadie les explicó que nunca recuperarían los cuerpos, porque era imposible», reconoce Cayetano Ibarra. Ahora se les dará sus cenizas, y lo que es casi más importante para la Memoria Histórica, sus nombres constarán en los cementerios de sus pueblos como los de todos los muertos que descansan hace tiempo en paz.
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lunes, 4 de agosto de 2008
APENAS QUEDAN HUELLAS DE LOS MAS DE 100 CAMPOS DE CONCENTRACION FRANQUISTAS

Apenas quedan huellas de los más de 100 campos de concentración franquistas. Por La Gamonita en Badajoz, pasaron 15.000 presos.
ÁNGEL MUNÁRRIZ - Castuera (Badajoz) - 03/08/2008 18:48
La maquinaria de campos de concentración franquistas, construida al paso del bando nacional durante la Guerra Civil y engrasada en los primeros años de la dictadura, ha quedado convertida, con el paso de las décadas, en un amasijo de piezas sueltas, difíciles de identificar, enterradas bajo una gruesa capa de indiferencia oficial y olvido. “Parece como si algo tan terrible no hubiera ocurrido”, afirma Cecilio Gordillo, activista de la CGT por la memoria histórica en Sevilla. Emilio Silva, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, coincide con este diagnóstico: los campos de concentración son una parte borrada de nuestra historia.
En su libro de investigación Entre la historia y la memoria, el historiador Javier Rodrigo contabiliza 104 campos de concentración en España en sentido estricto, dentro de un listado más amplio de 188 centros concebidos expresamente para el internamiento, el castigo, la reeducación y la utilización de republicanos como mano de obra forzada. Rodrigo calcula que 500.000 personas pasaron por los campos, a las que han de sumarse los miles de presos políticos y prisioneros de guerra explotados en diversas obras públicas.
“Existe una cosmovisión [...] que tiende a relativizar los procesos de violencia política para no considerar la represión como el basamento de la larga duración del régimen”, señala Rodrigo en su artículo Internamiento y trabajo forzoso, publicado en la revista Hispania Nova. “Ni siquiera es un tema sobre el que los historiadores hayan investigado mucho”, añade Emilio Silva. Un puñado de proyectos, entre los que destacan los de la recuperación como espacios para la memoria de los campos de Castuera (Badajoz) y Los Merinales (Sevilla), actúan como excepciones a una tónica general de borrado de huellas.
Reconocimientos discretos
La fotógrafa Ana Teresa Ortega, profesora en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, reunió el pasado año en la exposición Cartografías silenciadas 50 imágenes de lo que fueron los emplazamientos de campos de concentración. En su recorrido por toda España advirtió que “casi no hay nada que los identifique como tales”.
“Hay auténticas barbaries. Por ejemplo, tiraron la plaza de toros de Badajoz [que no fue un campo en sí, sino el escenario de la matanza de 2.000 personas] y ahora es un palacio de congresos donde no pone nada de lo que fue”, explica Ortega. Lo que fue el campo de Los Almendros, en Alicante, es ahora un centro comercial. Albatera, también en Alicante, es una zona de cultivo de palmeras. El Fórum de las Culturas de Barcelona ocupa parte del centro de La Bota.
Los reconocimientos son mínimos. “Hay una placa institucional en la Escuela de Artes y Oficios de Logroño, que fue un campo, y otra en la cárcel vieja de Segovia, que ahora es una biblioteca”, explica la fotógrafa. En Albatera y en Miranda de Ebro (Burgos) hay un monolito y una placa, respectivamente, puestos por la CNT. Y en La Bota hay un pequeña escultura de Miguel Navarro. Ningún campo es área protegida. Es la escasa huella que queda de los años en que España fue una inmensa prisión.
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