Justicia y Memoria. Responsable: Inés García Holgado

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Lugar: Buenos Aires, Argentina

Dedicado a los luchadores en la guerra civil española y en la postguerra en defensa de un mundo mejor, aquellos que defendieron un gobierno legítimamente constituído. A través de estos tres blog difundiré testimonios que forman parte de nuestra memoria histórica, escritos sobre los derechos humanos en la Argentina , en España, en Latinoamericana, experiencias del exilio y sobre todo aquello en lo que pueda ayudar a través de la palabra escrita en pos de luchar contra el silencio y el olvido que se cierne sobre la sociedad española de hoy. autorizaron a su publicación. Inés García Holgado

martes, 13 de enero de 2009

Respuesta de Marcelino Florez a la carta de Martín Villa

La Carta a los Reyes Magos de Martín Villa

El pasado día 3 de enero, el ex ministro procedente del franquismo, Rodolfo Martín Villa, publicaba un largo artículo en EL PAÍS, donde justificaba lo que se hizo en la Transición, el olvido de las víctimas del franquismo, porque, a su juicio, estuvo bien hecho. De paso, atribuía el mérito de la instalación de la democracia a su grupo, el de los reformistas del régimen, diferenciando “esa parte del franquismo que fue una dictadura dura y cruel” de la otra parte, la protagonizada por él mismo y su grupo, lo que viene a decir que la democracia evolucionó desde el franquismo; y de ahí se deduce que ese régimen no era tan malo.

Al día siguiente envié la carta que os adjunto a EL PAÍS y hoy, día 12, me responde el director con el formulario habitual: “Le agradezco el envío de su carta para su publicación en la sección de Cartas al Director. A pesar del interés de la misma, lamento que no haya sido seleccionada debido al exceso de originales que recibimos y a la falta de espacio”.

A continuación carta remitia a EL PAIS por Marcelino Florez que no fue publicada.


La Carta de Martín Villa

A la vista de la “Carta a los Reyes Magos” de don Rodolfo Martín Villa, que todavía no ha comprendido que la Guerra la perdieron muchos, pero la ganaron algunos, que establecieron un régimen que es responsable de “crímenes contra la humanidad”, me parece que lo bueno sería que los Reyes Magos, a través de las instituciones democráticas, le trajesen una Comisión de la Verdad, a ver si de una vez queda socialmente establecido quién desarrolló un proyecto de exterminio y quién no, qué víctimas han sido reparadas y cuáles no, qué crímenes han sido castigados (infinitamente e ilegítimamente, pero castigadísimos) y cuáles no, y qué tipología tiene cada uno de los crímenes cometidos, incluidos los de “de misa y de derechas”, que diría Pujol, tanto los ejecutados en tiempos de guerra, como los desarrollados en tiempos de victoria, para que, establecida la verdad, repiense aquella Transición y, de paso, nos indique dónde se recogieron, bajo su mandato ministerial, los archivos de la Dictadura que fueron olvidados, quiero decir amnistiados, y no quiero ni pensar que destruidos”.

Marcelino Flórez
Catedrático de Educación Secundaria.
Valladolid.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Plural / Artículos de opinión

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GERARDO RIVAS
03/12/2008


La Constitución cumple 30 años, si fuera víctima del franquismo, se vestiría de luto; si fuera franquista, de carnaval

Los aniversarios de nuestra vigente Carta Magna son siempre motivo de alegría. No cabe duda de que el balance de su existencia ha sido claramente positivo para la ciudadanía de este país. No obstante, estos cumpleaños traen también a la memoria el recuerdo del momento histórico en el que aquélla fue gestada y, de aquí, deviene alguna grave secuela que aún perdura y que ensombrece el acontecimiento.
Después de una guerra civil y de 40 años de dictadura, España se encontraba en una situación en la que había un gobierno que procedía de esa dictadura; un Jefe del Estado a título de Rey, también nombrado por esa dictadura; y una oposición democrática que tenía sobrada legitimidad desde el punto de vista de los principios, pero que carecía de fuerza para imponer sus posiciones y acabar con el armazón, la maquinaria y los signos del régimen franquista. En el consenso de las fuerzas políticas para lograr la transición a la democracia se dejó aparcada, porque primó el realismo y los intereses de los ciudadanos, la condena a ese régimen y el reconocimiento a todos los que durante él fueron perseguidos, represaliados, exiliados, torturados o asesinados.

Pasaban los años y este país seguía en deuda con las víctimas del franquismo, cuando en el año 1996 la derecha, heredera de aquella que se impuso por la fuerza de las armas, accedió al gobierno de la nación con el apoyo de los votos. Y en ese mismo año, cuando la Constitución cumplía su mayoría de edad, el portavoz del nuevo gobierno lo celebró diciendo aquello de “la Constitución es mayor de edad; si fuera mujer, se vestiría de largo; si fuera hombre, iría a votar”. Pero no, no fue una frase desafortunada, fue la tarjeta de presentación, la confirmación de que la derecha de este país no se había reciclado. Era, desgraciadamente, la misma derecha de siempre. Machista, casposa e irrespetuosa con la Ley de leyes que había permitido, después de muchos años, la convivencia tranquila y democrática entre los españoles.

Pero esto no era mas que el presagio de lo que quedaba por venir. Cuando la izquierda accede de nuevo al poder en el año 2004, convencida de que el país está, por fin, preparado para redimir su deuda con las víctimas del anterior régimen dictatorial, promueve una ley para tratar de restañar las viejas heridas. Ocurre, que a pesar del tiempo transcurrido, éstas permanecen aún abiertas porque han sido parte sustancial de la herencia recibida, durante estos largos años, por muchos españoles.

Pero las herencias van por barrios, y los sucesores físicos e ideológicos de los que apoyaron aquel régimen, envalentonados porque piensan que la factura de la historia ha prescrito, se revuelven en su particular y peculiar limbo e intentan boicotear por todos los medios el reconocimiento a los que, durante tantos años sufrieron el desprecio de la sociedad por haber sido leales a una digna causa a costa, incluso, de sus propias vidas.

Mientras que este resarcimiento no se produzca y hasta que no exista en este país una derecha que se desvincule clara y rotundamente del régimen que nos llevó a la época más negra de nuestra reciente historia, la celebración del aniversario de la Constitución vestirá de luto a los que supieron perdonar con generosidad para lograr que aquella Ley fuera posible. Así, que los que recibieron su perdón y ahora se visten de carnaval para celebrarla, que sepan que el disfraz con el que tratan de ocultarse, antes que encubrirles, delata su cicatería y su mezquindad.

Sería deseable que la actitud de algunos, por el bien de la convivencia de todos, estuviese a la altura de nuestra ya adulta Carta Magna. Para ella, feliz 30 aniversario.

Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas

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miércoles, 22 de octubre de 2008

El espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo

Gabilondo: "Los vencedores de la guerra no perdonaron nunca, no perdonaron nada ni a nadie"
"El espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo"

(El Plural, 21-10-2008)

ELPLURAL.COM

"Como sospechábamos, la intención de Garzón de juzgar por lo penal la sublevación franquista tiene pocos visos de prosperar. El recurso de la Fiscalía es durísimo contra Garzón, tanto en la forma como en el fondo. Se abre una disputa jurídica que no estamos capacitados para valorar. Pero hay otro aspecto, más político, más social, abierto al comentario: es el que se refiere al espíritu de la transición, que dicen ahora traicionado", indicó en el día de ayer el periodista Iñaki Gabilondo en el informativo que presenta y dirige a diario en el canal de televisión Cuatro.

Para el prestigioso periodista, "el tal espíritu fue la prudencia de una sociedad atemorizada. Fue necesario, fue útil e hizo posible la democracia, pero hay que recordar que fue un ejercicio de generosidad asimétrica. Los vencedores de la guerra no perdonaron nunca, no perdonaron nada y no perdonaron a nadie. Persiguieron durante cuarenta años a los que consideraron enemigos. Los que perdieron la guerra, por el contrario, no pasaron una sola factura tras la muerte del dictador. La reconciliación nacional fue, sobre todo, un gigantesco acto de perdón de los derrotados gestionado con mucha categoría, eso sí, por los jóvenes del último franquismo, con Suárez a la cabeza".

Borrador

"Pero nunca creímos que aquel espíritu fuera un borrador, un blanqueador de la sublevación y la dictadura, y que la democracia iba a permitir que, pasado algún tiempo, se consagrara en la calle una repugnante equivalencia entre la legalidad republicana y la ilegalidad franquista. Hace unos días dijo Zapatero que el franquismo ya ha sido juzgado por la historia. Desde luego, no por la historia de nuestro país. Recordemos las reticencias y resistencias a la condena en nuestro Parlamento... y hace unas semanas fue elogiado por un prohombre como Mayor Oreja. Entre unas cosas y otras, el espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo", subrayó el periodista de Cuatro.

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lunes, 20 de octubre de 2008

"El espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo"

"El espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo"

Gabilondo: "Los vencedores de la guerra no perdonaron nunca, no perdonaron nada ni a nadie"

ELPLURAL.COM

"Como sospechábamos, la intención de Garzón de juzgar por lo penal la sublevación franquista tiene pocos visos de prosperar. El recurso de la Fiscalía es durísimo contra Garzón, tanto en la forma como en el fondo. Se abre una disputa jurídica que no estamos capacitados para valorar. Pero hay otro aspecto, más político, más social, abierto al comentario: es el que se refiere al espíritu de la transición, que dicen ahora traicionado", indicó en el día de ayer Iñaki Gabilondo en el informativo que presenta y dirige a diario en Cuatro.

Para el prestigioso periodista, "el tal espíritu fue la prudencia de una sociedad atemorizada. Fue necesario, fue útil e hizo posible la democracia, pero hay que recordar que fue un ejercicio de generosidad asimétrica. Los vencedores de la guerra no perdonaron nunca, no perdonaron nada y no perdonaron a nadie. Persiguieron durante cuarenta años a los que consideraron enemigos. Los que perdieron la guerra, por el contrario, no pasaron una sola factura tras la muerte del dictador. La reconciliación nacional fue, sobre todo, un gigantesco acto de perdón de los derrotados gestionado con mucha categoría, eso sí, por los jóvenes del último franquismo, con Suárez a la cabeza".

Borrador
"Pero nunca creímos que aquel espíritu fuera un borrador, un blanqueador de la sublevación y la dictadura, y que la democracia iba a permitir que, pasado algún tiempo, se consagrara en la calle una repugnante equivalencia entre la legalidad republicana y la ilegalidad franquista. Hace unos días dijo Zapatero que el franquismo ya ha sido juzgado por la historia. Desde luego, no por la historia de nuestro país. Recordemos las reticencias y resistencias a la condena en nuestro Parlamento... y hace unas semanas fue elogiado por un prohombre como Mayor Oreja. Entre unas cosas y otras, el espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo", subrayó el periodista de Cuatro.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Companys y el pasado presente afarp II REP BOLETIN INFORMATIVO

BOLETÍN INFORMATIVO

LA RUEDA
Companys y el pasado presente

JOSEP-MARIA Terricabras

Después de tantos años, cada día resulta más claro que la transición española no fue tan modélica como se pretende hacer creer. En primer lugar, no es cierto que no hubiera muertos. Los fascistas más recalcitrantes provocaron muchos. En segundo lugar, tampoco fue modélica porque --y permítanme la ironía-- nadie fue a la Modelo, nadie fue llevado a juicio, nadie reconoció ningún error, ningún crimen. Nadie. Después de 40 años de dictadura cruel, ¿cómo es posible esto? ¿En qué otro país del mundo ha sucedido algo parecido? En ninguno. Tenía razón Manuel Fraga, y sabía bien por qué lo decía, cuando con premonición nos había anunciado que Spain is different.
Han pasado ya más de 30 años de la muerte del dictador y las cosas siguen igual. Los que reclamamos que se tenga memoria histórica --no solo para recordar a Isabel y Fernando-- tenemos que escuchar que esto es revanchismo, que los malos somos nosotros, que todo ha ido muy bien, que todo se ha hecho muy bien. Y ahora el conseller Saura pide, con una ingenuidad que casi produce angustia, que el ministro de Justicia español con una "celeridad importante" haga un reconocimiento de la inocencia del president Companys.
No, no es por aquí por donde deberían ir las cosas. Hay que exigir que el juicio de Companys (y el de Carrasco i Formiguera, el de Carles Rahola y el de tantos otros) sea declarado absolutamente ilegal y nulo. Y listos. Porque este es el problema real del régimen posfranquista: no ha considerado el franquismo como un paréntesis de ilegalidad, sino como un periodo de legalidad, diferente del nuestro, pero igual de legal. Esto es lo que repugna a cualquier conciencia democrática que no quiera convertirse en cómplice de la dictadura.
Franco encarceló, confiscó y ejecutó con un decreto. ¿No puede decirse que eso era ilegal? ¿No puede anularse por decreto? ¿Hay que conceder la más mínima atención legal a un régimen ilegal? ¿O es que aquello, en realidad, no era exactamente una dictadura? Quizá se trate de eso. Companys no necesita el perdón de nadie. Hay otros que sí, pero no lo piden.

*Fuente: El Periódico.com, 15 de octubre de 2008

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viernes, 12 de septiembre de 2008

CUESTION DE DIGNIDAD por CANDIDO MARQUESAN

www.elperiodicodearagon.com

Cuestión de dignidad
Que los dirigentes del PP muestren tal animadversión hacia la Memoria Histórica, nos debería preocupar.

11/09/2008 CÁNDIDO Marquesán


Esta noticia pertenece a la edición en papel.


Todo lo que está pasando en España en relación a la Memoria Histórica me produce un profundo malestar. Entraba en lo previsible que la iniciativa del juez Garzón de reclamar información a las instituciones, Gobierno, Conferencia Episcopal, algunos ayuntamientos, más de 20.000 parroquias..., sobre los fallecidos como consecuencia de la Guerra Civil de hace 70 años, originase reacciones de toda especie: desde los entusiastas a los descalificadores. Que un numeroso conjunto de personas quieran dar a los cuerpos de sus ascendientes, que reposan todavía en cunetas, descampados o junto a tapias de cementerios, una digna sepultura, y un legítimo reconocimiento, les parece inadecuado a determinados sectores de la derecha española. Estos presentan diferentes argumentos: que se reabrirán heridas, que en ambos lados se cometieron desmanes; o que hay que mirar hacia adelante. Dirigen sus dicterios a Garzón, acusándole de afán de protagonismo, y a Rodríguez Zapatero, de tratar de ocultar la crisis con esta cuestión que no interesa a nadie. Que los dirigentes de un partido con más de 10 millones de votos, que se quiere equipar a la derecha europea, muestren tal animadversión hacia la Memoria Histórica, a todos los que nos sentimos demócratas nos debería producir una honda preocupación.

Entiendo que si nuestra democracia está plenamente asentada, tras un período de transición, que hemos pretendido presentarlo como modélico y exportable a otras latitudes, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que este haya sido. La verdad por encima de todo. Sudafricanos, chilenos, argentinos, rusos, por poner ejemplos, nos han dado una contundente lección.

Pretendo exponer los acontecimientos de ese pasado tenebroso, sin ocultar nada. La mentira o el ocultamiento de la verdad no pueden ser cimientos firmes para construir una sociedad democrática.

Es cierto que entre los republicanos hubo una represión injustificada sobre terratenientes, sacerdotes, políticos de derechas. Mas, fue diferente en ambos bandos. Uno de los motivos por los que triunfó el golpe fue por la extrema violencia con que fue acometido por los rebeldes y las contundentes amenazas hacia quienes no lo apoyaran. El general Queipo de Llano, en uno de sus mensajes a la prensa, el 24 de julio de 1936, lo dejaba claro: "¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen con uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré". El general Mola, en sus instrucciones de 25 de mayo de 1936 decía: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo".

En la zona republicana, las muertes se produjeron a pesar de los esfuerzos de las autoridades (República, Euskadi, Generalitat) por impedirlas, en cambio en la zona nacional recae sobre las autoridades la responsabilidad directa y expresa, tanto de los fusilamientos como de los paseos. De Barcelona zarparon barcos enteros, franceses e italianos sobre todo, pero también de otras nacionalidades, fletados exclusivamente para evacuar personas amenazadas, pero, como ha dicho Joseph Benet, "de la zona rebelde no salió ningún barco".

El dirigente del PSOE Indalecio Prieto, en El Socialista, el 9 de agosto de 1936, intentaba parar la represión iniciada en territorio republicano: "Por muy fidedignas que sean las terribles y trágicas versiones de lo que está ocurriendo en tierras dominadas por nuestros enemigos...no imitéis esa conducta, os lo ruego, os lo suplico. Ante la crueldad ajena, la piedad vuestra..ante los excesos del enemigo, vuestra benevolencia generosa..¡ No los imitéis!". O también Azaña en La velada de Benicarló, escrita 2 semanas antes de los acontecimientos del 37: "Con una diferencia importante. En esta zona, las atrocidades cometidas en represalia de la sublevación, o aprovechándola para venganzas innobles, ocurrían a pesar del Gobierno, inerme e impotente, como nadie ignora, a causa de la rebelión misma. En la España dominada por los rebeldes y los extranjeros, los crímenes parten de un plan político de regeneración nacional, se cometían y se cometen con aprobación de las autoridades". Estas claras diferencias las corroboran historiadores nacionales como Julián Casanova, Santos Juliá, Reig Tapia e internacionales como Paul Preston, Helen Graham.

Además, la represión ejercida por los rebeldes no acabó con la guerra. El régimen estableció la Causa General, que se puede definir como todo lo contrario de las actuales comisiones de la verdad creadas en varios países del mundo. En la Causa General poco importaba la verdad y la reconciliación. De lo que se trataba era de castigar a los rojos, aunque se hubiera de adulterar la verdad. Tarea a la que se prestaron miles de españoles denunciantes por convicciones políticas, prejuicios sociales, oportunismo o miedo.

Y qué decir de la Ley de 9 de febrero de 1939 de Responsabilidades Políticas. Una auténtica aberración jurídica. De lo que se trata es justificar jurídicamente la persecución a la disidencia. Acusar de subversión a aquellos que defienden el régimen democrático vigente, no deja de ser lamentable. Y aquellos que se sublevan son los que dictan la ley.

Y qué decir del hecho, menos conocido, de que Franco no puso reparos cuando los nazis le propusieron despojar de la condición de prisioneros de guerra a los miles de republicanos que se hallaban en su poder, accediendo de este modo a que estos españoles fueran enviados de los stalags (campos de prisioneros de guerra) a los campos de concentración. Fue esta negativa del régimen de Franco a reconocer la nacionalidad española de los prisioneros lo que abrió la vía a la deportación. En efecto, el régimen nazi anunció su política durante la visita a Alemania de Serrano Suñer. Los republicanos españoles fueron recluidos en campos de concentración, en los que murieron unos 10.000.

Produce pavor y escalofrío comprobar que España estuviera 40 años en manos de personas de esta catadura. Todo esto ocurrió y debemos conocerlo. Como que todos estos represaliados sean reconocidos como merecen y descansen en paz en una tumba, que lleve su nombre. No es pedir tanto. Profesor de instituto

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